Un dueño de datos tiene suficiente peso para que sus decisiones se sostengan. Aprueba definiciones, autoriza accesos, acepta o rechaza tolerancias de calidad y asume la consecuencia cuando los datos de su dominio fallan a alguien más abajo. La propiedad es responsabilidad, no custodia: el dueño rara vez toca los datos y casi nunca los arregla en persona. Lo que distingue a un dueño real de uno nominal es que puede decir no a una petición de otra área y que se le respete.

En la práctica. La propiedad recae en el líder de negocio cuyos objetivos dependen más del dominio: comercial para cliente, operaciones para producto, RRHH para empleado. Es una persona con nombre, nunca un equipo y nunca un comité, y aparece en sus objetivos y no en una diapositiva.

Dónde se rompe. La propiedad se asigna a TI, que tiene la custodia pero no la autoridad sobre el significado, o se reparte en un "grupo de trabajo", lo que significa que la próxima definición en disputa no tiene quién la resuelva. El síntoma más claro es una petición de cambio de definición que circula durante seis semanas: eso no es un proceso lento, es un dueño ausente.