La mayoría de los modelos comparten una forma de cinco niveles: no pasa nada deliberado, algunas personas lo hacen bien, está documentado y es repetible, se mide, se mejora a propósito. El valor no está en la puntuación sino en el vocabulario: un modelo da al equipo directivo una forma compartida de decir "estamos en nivel 1 en calidad y en nivel 3 en control de accesos", que es una conversación mucho más productiva que intercambiar anécdotas.
En la práctica. Usa el modelo como guía de entrevista, no como cuestionario. La evidencia que determina un nivel es lo que alguien te enseña: el glosario real, los tres últimos registros de incidencias, el rastro de aprobación de un cambio de definición. La autoevaluación se infla en torno a un nivel en todas las organizaciones.
Dónde se rompe. El resultado es un diagrama de araña, y el diagrama de araña es el entregable. Una evaluación de madurez que no acaba con tres acciones concretas, un responsable para cada una y una fecha ha producido un diagnóstico sobre el que nadie puede actuar. El gráfico es el principio de la conversación, no su conclusión.