El gobierno de datos es el ejercicio de autoridad y control sobre la gestión de los datos. No gestiona los datos: decide quién los gestiona, qué está autorizado a decidir, qué reglas debe seguir y quién responde cuando algo sale mal. Todo lo demás que la gente llama gobierno —un catálogo, un panel de calidad, un foro de stewards— es o un instrumento para tomar esas decisiones o la evidencia de que se tomaron.
En la práctica. Se parece a una lista corta de personas con nombre y apellido, cada una con decisiones concretas asociadas. Quién aprueba un cambio en la definición de "cliente activo". Quién autoriza que un dataset salga del dominio de finanzas. A quién se llama cuando un informe y un sistema no coinciden. Cuando un programa de gobierno funciona, esa lista está escrita, está al día y la conocen las personas a las que obliga.
Dónde se rompe. El gobierno se compra como herramienta y se dota como comité, y ninguna de las dos cosas crea un derecho de decisión. Un catálogo sin dueño registrado junto a cada término es un directorio; un consejo sin autoridad es una reunión. Si nadie puede señalar una decisión que el programa haya tomado de verdad en el último trimestre, todavía no hay gobierno: solo su documentación.