La cultura se observa en comportamientos pequeños. Si una reunión empieza por el número o por la opinión. Si un analista puede decir que los datos no sostienen el plan sin pagarlo con su carrera. Si un informe que muestra un fracaso se distribuye o se revisa. Si la gente busca datos existentes antes de encargar nuevos. Nada de eso sale de un cartel; todo sale de lo que se ve hacer a los directivos cuando los datos son incómodos.
En la práctica. La cultura se mueve cuando se mueven los incentivos. La intervención individual más eficaz es que un líder cambie públicamente una decisión por la evidencia y diga que ese es el motivo. Eso vale más que un año de comunicación interna.
Dónde se rompe. La cultura se trata como el componente blando y no medible del programa y se entrega a comunicación. No es blanda ni imposible de medir: mide con qué frecuencia se conciliaron previamente los números de un documento de decisión, cuántas decisiones citan una fuente, cuánto se tarda en responder "¿de dónde viene esto?". Esas cosas se mueven y se pueden seguir.