Un consejo existe para el conflicto entre dominios. Dos áreas quieren definiciones incompatibles de la misma entidad; una política le costaría a un departamento el roadmap del trimestre; un dominio quiere exponer datos sobre los que otro dominio está regulado. Eso no se resuelve dentro de un dominio, y escalar cada caso a un comité ejecutivo no escala. El consejo es el lugar permanente donde se resuelven, por las personas responsables de los dominios implicados.

En la práctica. Un consejo que funciona es pequeño —los dueños de datos, presidido por alguien con peso ejecutivo—, se reúne mensualmente y trabaja sobre una cola de decisiones concretas con una respuesta propuesta adjunta. El acta registra qué se decidió y quién lo decidió, y eso es lo que lo convierte en autoridad y no en conversación.

Dónde se rompe. El consejo se convierte en una reunión de seguimiento. Veinte asistentes, una presentación, una ronda de novedades, ninguna decisión, y en dos trimestres los dueños mandan delegados en lugar de asistir. La prueba fiable: si el orden del día no contiene la palabra "aprobar", cancela la reunión y escribe un correo.