Todos los modelos de madurez toman prestada la misma escalera de CMMI, aunque llamen distinto a los escalones. El nivel 1 es ad hoc: funciona porque una persona concreta sigue trabajando aquí. El nivel 2 es repetible: lo mismo ocurre dos veces por la misma razón, normalmente dentro de un solo equipo. El nivel 3 es definido: está escrito, tiene dueño y es igual en todos los dominios. El nivel 4 es gestionado: se mide, y la medición se usa para decidir. El nivel 5 es optimizado: mejora a propósito y con cadencia, sin que un programa empuje. Fíjate en que ninguna de esas frases menciona una herramienta.
En la práctica. Puntúa cada capacidad por separado —metadatos, calidad, privacidad, alfabetización, arquitectura— y espera un perfil desigual. Nivel 3 en clasificación y nivel 1 en calidad no es una contradicción: es tu hoja de ruta, y te dice qué deberían comprar los próximos doce meses. La conversación útil nunca es "en qué nivel estamos", sino "qué tendría que ser verdad para que esta capacidad fuera un 3, y merece la pena hacerlo este año".
Dónde se rompe. El nivel pasa de descripción a objetivo. Alguien se compromete a "nivel 4 en diciembre", el diagnóstico se convierte discretamente en un examen autocorregido y el programa empieza a optimizar la nota en lugar del negocio. Nivel 5 en todo también es la ambición equivocada: la mayoría de las organizaciones deberían quedarse deliberadamente en nivel 2 allí donde no hay casi nada en juego.