Confidencial es el nivel donde quien corre el riesgo es la compañía. Si se filtra, un competidor fija precios contra ti, una negociación se cae, una valoración se mueve o tu propia gente descubre cuánto gana el resto. Es un daño real y merece controles reales, pero es un daño comercial, y por eso circula por una vía distinta a la de los datos personales sensibles, donde el expuesto es una persona.

En la práctica. La etiqueta por sí sola no vale nada; lo que la hace útil son las reglas de manejo grapadas a ella. Quién aprueba el acceso y por cuánto tiempo. Dónde puede vivir el dato: qué plataforma, qué región, qué tenant. Si puede salir de la empresa y bajo qué acuerdo. Cuánto se conserva y qué pasa al final. Y si se puede pegar en una herramienta de IA externa, que es la pregunta que hoy recibe más veces esta clasificación. Un nivel sin reglas asociadas es decoración.

Dónde se rompe. Todo acaba siendo confidencial. Un criterio de "por si acaso, restríngelo" produce un almacén donde el 90 % de las tablas llevan la etiqueta más alta, así que la gente esquiva los controles para poder trabajar y la etiqueta deja de informar. Una clasificación que funciona es deliberadamente desigual: la mayoría del dato es interno, una porción es confidencial, un conjunto pequeño es restringido, y alguien con peso está dispuesto a defender dónde se trazan las líneas.