RBAC es una idea de gobierno antes que una técnica. Los permisos se asocian a un rol —tramitador de siniestros, analista de riesgos, analista de marketing—, el dueño de los datos aprueba qué puede ver ese rol, y una persona obtiene el acceso al entrar en él. La ganancia no son menos clics: es que la pregunta cambia de "¿por qué Marta tiene esto?" a "¿debería un analista de riesgos ver esto?", que es una pregunta que alguien puede responder de verdad, y responder una sola vez para todos.

En la práctica. Los roles se nombran por el puesto, nunca por la persona ni por el proyecto. El dueño de los datos aprueba su alcance, y el acceso se engancha al ciclo de vida de RR. HH.: quien entra hereda su rol, quien se mueve pierde el anterior el mismo día, y quien sale se corta automáticamente. Las columnas sensibles siguen detrás de una política de enmascaramiento incluso dentro de un rol aprobado, y cada rol se recertifica con una periodicidad fija por el dueño que lo concedió — la recertificación es la parte por la que todo el mundo compra la herramienta y que nadie ejecuta.

Dónde se rompe. La explosión de roles. Cada excepción crea un rol nuevo y, dos años después, hay más roles que empleados y nadie sabe qué significa ninguno, que es lo mismo que no tener modelo. El segundo fallo son los movimientos internos: las altas y las bajas se gestionan, pero quien ha cambiado de puesto tres veces conserva la suma de todo lo que necesitó alguna vez. Cuando los roles ya no alcanzan a expresar la regla, la respuesta suele ser añadir atributos —región, propósito, clasificación— encima, no otros cien roles.